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  • ¿Cómo el COVID cambió la Gestión Pública? Reflexiones sobre la transformación, la resiliencia y los retos de lo público para construir un mejor futuro regional
    Núm. 81 (2021)

    “¿Cómo el COVID cambió la Gestión Pública? Reflexiones sobre la transformación, la resiliencia y los retos de lo público para construir un mejor futuro regional”

    En medio de la transformación obligada por la crisis de salud global, todos los espacios de la vida se vieron modificados, la falta de cercanía física supuso también una revalorización de los espacios comunes, oportunidades para un acercamiento distinto, pero también plural, un llamado a construir entre muchos que ahora mismo sabemos es indispensable.

    Hacer gestión de lo público en contextos de incertidumbre es complejo y requiere al menos de la articulación entre instituciones y actores (ciudadanos, empresas privadas, organizaciones no gubernamentales), buscando ser capaces de acoplar los diversos andamiajes prácticos y de pensamiento para ponerlos al servicio del bien común.

    La coyuntura cambió lo personal, lo común y también lo institucional, obligando a estructuras robustas a transformase a lo digital en días, todos los campos se vieron permeados, pero especialmente interesante fue ver como los modelos de gestión y comunicación, mutados a la exclusiva virtualidad terminaron por dominar los espacios de toma de decisión y generación de políticas, lo público, se transformó por un momento en un aparato virtual o al menos virtualizado, una realidad que parecía lejana hace 18 meses, pero que se convirtió en normalidad, sin embargo, ¿cuánto nos cambió este espacio?, ¿verdaderamente aporta a lo público? o ¿es mejor regresar a lo físico?.

    Las estrategias desarrolladas antes de la crisis, si es que existían, obviamente no fueron eficientes ni suficientes, porque está claro que no se podía prever el alcance del reto que trajo consigo la crisis de salud ocasionada por la COVID-19. Los modelos de gestión anteriores no estaban preparados para la ruptura, pero aun así generaron respuestas a la coyuntura, dando pistas de que son capaces de adaptarse al entorno y no solo vivir anclados a los procesos tradicionales.

    Lo que al menos se ha puesto sobre la mesa es un discurso sobre el cambio -y el aprovechamiento de este- que está presente más que nunca en el ideario compartido, la crisis de salud se convirtió también un espacio de oportunidades y desde lo público, en una pequeña ventana que puede suponer la fuerza positiva para proponer nuevas rutinas, rompiendo paradigmas y construyendo respuestas alternativas a las problemáticas comunes; pues la aplicación de herramientas tecnológicas, la utilización de datos y metadatos para la toma de decisiones y el interés del recurso humano por agregar conocimientos fueron parte también del manejo de la crisis.

    Por eso, es que esta edición de la Revista Centroamericana de Administración Pública busca explorar los espacios que este contexto de cambio ha sido capaz de permear en el marco de la generación y evolución de la gestión pública de la región.

    Teniendo en cuenta que para transformarnos verdaderamente es necesario entender lo propio y empezar a construir soluciones a partir de esas particularidades, priorizando la rigurosidad ética y técnica y abrazando la innovación en todos los niveles; político, institucional, técnico para que en efecto sea capaz de contribuir a la generación de la confianza y la legitimidad necesarias para construir una percepción de satisfacción social en un futuro no ideal, si no posible.

    Entendiendo que los enfoques de gestión posteriores a la crisis de salud deben tener como pilar la búsqueda del bienestar social con un amplio componente de equilibrio ambiental, gestión de datos y responsabilidad futura, la gestión de hoy deben focalizarse en optimizar los sistemas actuales para promover transformaciones y el cambio progresivo, incluyendo a la mayor cantidad posible de sectores.

    Esta edición número 81 de la Revista Centroamericana de Administración Pública, reconoce ser un ejercicio deliberativo, descriptivo y funcional, que parte de situaciones propias de la realidad centroamericana, buscando entender los desafíos del ejercicio del gobierno en la postpandemia, a la vez que acercando la mirada a los nuevos amaneceres que ofrece el contexto actual, anclada en la necesidad de evolucionar el entendimiento de lo público en la región, a partir de la generación y transmisión de conocimiento y del pensamiento crítico y disruptivo.

    Esta revista contiene dos grandes secciones; artículo y documentos, en la primera parte se incluyen trabajos desarrollados por investigadores e investigadoras de la región que partiendo de casos específicos han puntualizado en conceptos sobre el desarrollo, la innovación y los retos de la región en la post pandemia.

     

  • Reflexiones sobre Asia-Pacífico: Lecciones aprendidas y oportunidades en entornos de transformación global
    Núm. 80 (2021)

    "El siglo de Oriente: La importancia de Asia en la geopolítica económica y sanitaria".

    Comprender la coyuntura requiere conocer el contexto; para entender la transformación económica y social que el mundo afronta actualmente como producto no sólo de la crisis sanitaria, sino también de los ajustes económicos estructurales a nivel macro y micro hay que reconocer que el cambio forma parte del sistema, y que los retos y rupturas espontáneas también forman parte de ese entorno.

    En medio de una crisis global, es importante hacer un balance de los procesos que han sido más o menos eficientes según cada circunstancia y aprender de aquellos que han ofrecido soluciones eficaces, reconociendo las buenas prácticas.

    En el contexto internacional, el continente asiático se ha convertido en un actor clave en la dinámica geopolítica, determinando decisiones y políticas a nivel global.

    Tras el establecimiento de China como segunda economía mundial en 2010, así como el rápido crecimiento de las economías del sudeste asiático, el sistema internacional ha reconocido a Asia como el nuevo centro de gravedad económico, político y social. El periodo post-pandémico se articulará en función de las relaciones estructurales presentes en la región asiática, poniendo fin a la configuración histórica de las relaciones internacionales desde la perspectiva occidental. Es por ello que la situación de los estados asiáticos se convierte en el motor de la investigación, instrumentalizando la óptica analítica nacional y regional para el análisis internacional.

    El poder de la región oriental se articula en el liderazgo de sus estados en materia económica, social y sanitaria. Desde la década de 1990, si analizamos las tasas de crecimiento de casi todas las economías del continente, éstas se han mantenido en las categorías de "sostenidas" o "muy altas". La crisis económica mundial de 2008-2009, que afectó exhaustivamente a las economías occidentales, no generó los mismos desajustes estructurales en Asia, demostrando la capacidad de adaptación a las circunstancias económicas, su preocupación por los mercados internos y externos y el papel de este espacio geográfico como líder en el proceso de recuperación económica mundial.

    Estos avances se tradujeron en la construcción de una percepción de preocupación estructural de Occidente, concretamente ante el crecimiento de India y China; y su papel en la geopolítica mundial. En términos de influencia económica internacional, Asia se convierte en el eje de interés en términos de Inversión Extranjera Directa (IED), política comercial y consumo de energía y otras materias primas fundamentales.

    En el actual contexto internacional, la importancia de Asia se ha visto reflejada en su respuesta institucional a las consecuencias tanto económicas como sanitarias de la pandemia. En el contexto de Covid-19, Asia ha surgido como el líder más eficaz en la gestión de las respuestas al virus. Principalmente China, Corea del Sur, Taiwán y Hong Kong, que en las fases iniciales de la crisis consiguieron reducir drásticamente las tasas de infección y las muertes en sus territorios, gestionando responsablemente la pandemia. Además, tomando como referencia el vínculo entre economía y salud, China se ha convertido en la única gran economía que creció, aunque mínimamente, en 2020, reflejando el declive de la hegemonía estadounidense y el deterioro del papel de Occidente como actor principal en la dinámica internacional.

    Otro elemento que ha puesto de relieve el papel de Asia en el juego geopolítico ha sido el nivel de integración económica y comercial de los países. En concreto, destacan la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Asociación Económica Integral Regional (RCEP) en 2020. Esta integración ha reforzado los lazos económicos y de seguridad de los países, estructurando la región como un bloque comercialmente cohesionado. La construcción de la "Nueva Ruta de la Seda" ha sido un movimiento estratégico de China, que ha aprovechado los efectos interconectados del proceso de globalización. El objetivo del gigantesco proyecto económico es conectar a China con el mundo, y así establecerse como un actor importante en el sistema internacional, a través de una serie de proyectos de infraestructura. Por otra parte, el crecimiento económico estable de los Estados asiáticos contribuye a reducir los descensos del ciclo económico y las crisis financieras repentinas, proporcionando un cierto grado de estabilidad al sistema financiero internacional.

    Además, comienzan a operar en espacios más allá de la coyuntura, el Banco Central de China ha comenzado a probar una versión digital del yuan, impulsando la digitalización del sistema económico, lo que representaría un impacto significativo en la geopolítica mundial, colocando al continente asiático como el punto de referencia digital internacional, así como el establecimiento de un desafío a la supremacía del dólar como medio de intercambio comercial (y específicamente a la hegemonía estadounidense). El fintech, comúnmente conocido como tecnología financiera, se ha convertido en un punto de interés para los aparatos estatales asiáticos, no sólo en China sino también en países del sudeste asiático como Singapur, con el objetivo de preservar su tipología como centro financiero global.

    En el ámbito de la salud, el éxito de la gestión ha surgido como resultado del sistema de respuesta estatal. En esta situación de crisis, se ha gestionado la táctica institucional de "encontrar, aislar, evaluar y tratar cada caso". Como resultado de su poder estatal, el aparato ha logrado la aplicación de pruebas agresivas, rastreo y posterior cuarentena. Sin embargo, específicamente en el caso de Asia, la ventaja comparativa se ha articulado en el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) como herramientas estratégicas para el seguimiento y control de los casos. Por ejemplo, en China, Japón y Corea, el uso de las TIC como herramientas estratégicas para el seguimiento y control de los casos ha supuesto una ventaja comparativa.

    En el Sur, se crearon o adaptaron aplicaciones móviles controladas por el gobierno para facilitar el seguimiento eficaz de los casos positivos de Covid-19.

    Otra lección aprendida a nivel internacional de la gestión de la crisis sanitaria en Asia fue el proceso estructurado de recopilación e interpretación de datos y la investigación destinada a comprender la dinámica y el comportamiento del virus. Ante la emergencia en los territorios nacionales, los estados asiáticos buscaron establecer alianzas con centros de investigación a través de la tecnología. Durante la implementación de dichas alianzas, se pone a prueba la importancia de Asia como centro de investigación y tecnologías, destacando la importancia geopolítica en materia de salud. Como otro ejemplo de la fuerza de la región, en Taiwán y Japón se utilizó un sistema de rastreo, apoyado por la cartografía de los contagios y los vínculos epidemiológicos. Además, Hong Kong utilizó un sistema de control basado en pulseras electrónicas, que se entregaron a las personas que llegaban del extranjero.

    La relevancia de Asia se ha estructurado en conjunción con diversos acontecimientos socio-históricos de la región, ejemplificando el papel de los estados en el juego internacional. Sin embargo, es importante mencionar la influencia de los conflictos asiáticos en las relaciones internacionales, impulsando la necesidad de aumentar la atención de la opinión pública internacional, en temas como la situación histórica de China con los territorios de Hong Kong y Taiwán. Como consecuencia del aumento de la importancia geopolítica del continente, los espacios de discusión y negociación internacional deben construirse prestando atención a la situación, los avances y los logros de Asia.

    Las principales cuestiones y problemas internacionales de los últimos años se han construido desde la perspectiva de la creciente influencia positiva del continente asiático, concretamente de China y de los famosos "tigres asiáticos". También es fundamental entender la buena gestión de la transformación estructural del sistema internacional de los Estados asiáticos, adaptándose desde una perspectiva de crecimiento económico sostenido y uso gubernamental de las tecnologías en el marco de los procesos de la economía digital y en una sociedad interconectada, sin embargo, esto no quita que también existan importantes problemas en la región, tanto a nivel interno como entre países, por ejemplo, China tiene algunos frentes de conflicto abiertos; Hong Kong, Taiwán, los conflictos territoriales por la construcción de islas artificiales, la guerra comercial con Estados Unidos y otra serie de conflictos que, si no se gestionan bien, pueden aumentar la inestabilidad.

    Asimismo, el aumento de las reivindicaciones sociales en países como Tailandia, el golpe de Estado en Myanmar, las críticas a los regímenes políticos de Filipinas y Singapur por sus posibles violaciones de los derechos humanos, los constantes escándalos de corrupción en Corea del Sur, son problemas internos que sugieren que no hay un modelo de receta para el desarrollo y aunque hay importantes avances económicos, en Asia y Asia Pacífico hay importantes retos que deben ser abordados en beneficio de la sociedad.

    Aún así, el continente se convierte en el punto de referencia para el aprendizaje de otros países en un sinfín de áreas, un ejemplo a seguir en términos económicos y de salud, sin duda, el siglo XXI es el de Oriente.

    Esta edición de la Revista Centroamericana de Administración Pública ofrece una serie de reflexiones y aprendizajes sobre la región Asia-Pacífico en el actual contexto internacional, caracterizado por la constante transformación de las estructuras sociopolíticas y económicas. La importancia geopolítica de la región asiática ha permeado las estructuras mentales de cómo pensar las relaciones internacionales entre los Estados, motivando la producción de conocimiento que estructura el análisis nacional y regional de los Estados asiáticos, así como su influencia a nivel internacional en la toma de decisiones multilaterales.

  • Gestión Pública post COVID-19: las Asociaciones Público-Privadas como herramienta para el mejoramiento de los servicios y la infraestructura
    Núm. 79 (2020)

    “La transformación de lo público y las alianzas público-privadas.”

    La crisis generada por la pandemia supuso un punto de quiebre en las estructuras globales, un reto a los esquemas tradicionales desde donde se desarrollan todas las actividades; el trabajo, el estudio, la salud, el turismo, la movilidad, nueve meses después de experimentar cambios, algunos radicales, se han tenido retomado la mayoría de las dinámicas, transformadas, pero entendiendo como la quietud del confinamiento no es opción para los sistemas (económicos y sociales) que también han encontrado en los espacios digitales una oportunidad de adaptación.

    Es por eso que los análisis empiezan a denotar como ante ese futuro cambiante proyectado, existe una verdadera oportunidad de transformar todos los espacios incluida la gestión de lo público; “la nueva normalidad post COVID-19 debe aspirar por un balance entre la dimensión ambiental, la dimensión humana y la dimensión económica, conciliando necesidades actuales con las necesidades de futuras generaciones” (López, 2020)1,especialmente, es necesaria una reflexión desde este ámbito, pues aunque en la mayoría de los casos, se ha respondido como se ha podido a la crisis de salud y las siguientes tensiones económicas y sociales, en realidad no parece que exista una lógica estratégica en la respuesta que permita aprovechar las nuevas dinámicas, aunque en ciertos temas, como consecuencia del empuje y la urgencia se han producido convergencias y avances (por ejemplo con las implementación del teletrabajo o las lecciones virtuales), estos son procesos complejos y no se pueden transformar de un momento a otro.

    De la misma forma, esa incertidumbre del futuro y las soluciones urgentes que han requerido los ciudadanos, ha regresado a la conversación esa tradicional concepción de Estado como proveedor -o protector- de servicios básicos; la salud, la educación, y trabajo etc, Una visión que supone se deben ofrecer soluciones rápidas y eficaces a los individuos, para François Heisbourg (2020)2, la pandemia, ha reforzado el papel de “protector” de amenazas externas, en esta visión el Estado tiende a asumir compromisos internos, y por lo tanto se le exigen soluciones prontas que puede ser no esté en capacidad de asumir.

    El punto es que muchas veces las respuestas estatales pueden llegar tarde, por eso es indispensable aprovechar las coyunturas para actualizar esa lectura de la gestión pública y cómo se puede perfeccionar constantemente, en este caso, una herramienta cada vez más implementada como catalizador de mejora, es la aplicación de modelos de asociaciones público-privadas (APP) para ofrecer soluciones a las nuevas y transformadas necesidades de los ciudadanos.

    Tal como lo recalca el Banco Mundial “una cooperación saludable con el sector privado será más importante que nunca a medida que los países salgan de esta crisis con aún más restricciones fiscales”3, la colaboración público-privada, ya era importante, pero en el panorama post pandemia supone un mecanismo clave para crear soluciones y aumentar los niveles de servicios públicos.

    Sin embargo, este tipo de colaboración, implementada de diversas formas y con resultados desde exitosos hasta fallidos, encuentra un factor de cambio en la inmediatez con la que se deben generar las respuestas actuales, por eso si las APP ofrecen una forma más rápida, concentrada y eficiente de hacer gestión de lo público, sus cualidades y debilidades deben ser estudiadas y evaluadas, con una visión puesta en la práctica, que permita aprender de estas dinámicas y sus mecanismos de aplicación.

    Porque en muchos casos, este tipo de asociaciones son una forma de hacer frente limitaciones, ya sean presupuestarias, de recursos humanos o cualquier otro tipo que tienen las administraciones públicas, pero a su vez requieren un alto compromiso de los actores involucrados y no pueden tomarse a la ligera, sino más bien como una formula compleja, la cual requiere una combinación técnica idónea e interdisciplinaria. Lo que lleva al análisis de los marcos normativos, pues algunos países han demostrado tener habilitado el marco de referencia para el desarrollo de este tipo de esquemas, pero aun así no es suficiente para la cantidad de actores e intereses involucrados y la especificidad de cada intervención, sumado a que de la crisis actual se puede desprender una tendencias descendientes en la rentabilidad de los proyectos, probablemente se generen impactos negativos en el desarrollo de infraestructura o en el despliegue de servicios, de modo que es relevante mantener un debate casi permanente en este tema.

    El interés general de este acercamiento es proponer análisis y documentar la forma en que estos esquemas de colaboración se pueden desarrollar de manera más continua en medio de una dinámica global cambiante, que apuesta por la innovación y donde la función del Estado también se ha transformado, en aras de una aplicación que favorezca la generación de valor público.

    La presente edición de la Revista Centroamericana de Administración Pública ofrece un primer acercamiento a algunos de los elementos teóricos y prácticos de las asociaciones público-privadas en la región y de los sectores donde estas pueden tener más impacto, como el de infraestructura o transporte, proponiendo este número como un punto de encuentro entre lo teórico, lo normativo y lo práctico.

  • OBJETIVOS DE DESARROLLO SOSTENIBLE: Construyendo nuevas rutas para las administraciones públicas
    Núm. 78 (2020)

    Cuando el Comité Editorial determinó el contenido del volumen 78 de la Revista Centroamericana de Administración Pública, nadie imaginó en ese momento la pandemia mundial que se iba a generar desde la ciudad de Wuhan en China.

    Hoy sabemos que el COVID-19 ha alcanzado a toda la humanidad y si muchos calificaron esta emergencia como una crisis sanitaria, hoy no cabe duda que es una crisis social en la plenitud del término. Abarca la economía, el medio ambiente y las estructuras de poder de cada país. Este, y no otro, es el entorno social y político que estamos viviendo en América Latina y el Caribe y que no podemos ignorar.

    Por lo tanto, es válido preguntarse para el período post-CDV-19: ¿Qué tipo de sociedad emergerá? ¿Cómo se transformarán los gobiernos y las administraciones públicas? ¿Habrá convergencia en las políticas de desarrollo de los países o se acentuarán las divergencias? Son preguntas profundas con las que los estudiosos de la sociedad y la gestión gubernamental tienen que lidiar.

    Porque si la Agenda 2030, que contiene los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), es una hoja de ruta para la lucha global contra la pobreza, el cambio climático y la desigualdad, hoy tenemos que admitir que esta Agenda debe ser revisada a la luz de las nuevas circunstancias. El mundo está cambiando rápidamente y aún no somos capaces de prever lo que nos depara el futuro.

    En este sentido, me gustaría ofrecer tres reflexiones que podrían arrojar algo de luz sobre el debate en curso; la primera es que los diecisiete ODS deben ser necesariamente reformulados o, en todo caso, debe priorizarse su implementación. En esta línea, y en consonancia con la propuesta de autores especialistas en desarrollo y lo expresado por los propios organismos internacionales, la acción colaborativa del Estado y la sociedad debe centrarse en lo básico: agua, salud y alimentación.

    Dado que la crisis posterior a la crisis del 19 está sacudiendo los cimientos de la convivencia y la armonía social, hay que atender lo primero. Lo cual se justifica si consideramos que con estos tres ámbitos de actuación cubrimos carencias que no esperan y que son vectores de enfermedades infecciosas y contagiosas, además de otras mortales.

    Está claro que los más desprotegidos, sin defensas, mal alimentados, sin agua y saneamiento, o los que carecen de cobertura sanitaria universal, tanto física como mental, o la protección del medio ambiente no pueden esperar hasta 2030, por lo que las acciones tendrán que ser, además de urgentes, extremadamente precisas.

    Como prueba de ello, veamos el inevitable empobrecimiento de las clases medias y el descenso de los pobres a la pobreza extrema. La tasa de desempleo ya ha comenzado a aumentar, como consecuencia del declive de las actividades productivas, lo que hará que en América Latina, por ejemplo, se pase de 185 a 220 millones de pobres a finales de este año.

    Es probable que el hambre vuelva a aumentar en Asia, África y América Latina. A los problemas endémicos de la guerra, los enfrentamientos civiles, el cambio climático y la escasez de agua, hay que añadir la pandemia que está provocando la ruptura de los sistemas alimentarios y la reducción de los programas de ayuda internacional, en muchos casos. Además de la alteración de las cadenas de producción, transporte y distribución como consecuencia de la necesidad de minimizar el contagio y, por tanto, la aplicación de restricciones de movimiento y aislamiento obligatorio.

    La segunda reflexión tiene que ver con la evaluación del aprendizaje social en la lucha contra la pobreza. Tras décadas de políticas públicas con plena o escasa participación de los Estados, deberíamos haber aprendido algunas lecciones. Y, para ser francos y directos, la gran mayoría de estas políticas y los cuantiosos recursos que se han utilizado simplemente no han dado los resultados esperados. Obviamente, ha llegado el momento de revisar profundamente los supuestos e instrumentos de las políticas tradicionales.

    La cuestión del aprendizaje social para el desarrollo está vinculada a la de la gestión del conocimiento, que ha sido la piedra angular del trabajo del ICAP en los últimos años y que puede detectarse en el pensamiento y las acciones de su director y colaboradores. Así, la crisis puede, y debe, dar lugar al fortalecimiento de la investigación y la formación de los responsables de superar las carencias de los países de nuestra región.

    La valorización del conocimiento acumulado en la formulación y ejecución de políticas públicas y la construcción de escenarios en el nuevo mundo "DC" (después de la COVID-19) se evidencia en la publicación del dossier institucional con medios de audio, que nuestra institución ha realizado bajo el título "Políticas Públicas en el mundo post COVID 19" y que puede ser consultado y descargado en este enlace.

    Por último, y como sostenía el recordado economista del desarrollo Albert O. Hirschman (1915-2012) en su prolífica producción, el trabajo de los intelectuales comprometidos con el desarrollo debe ser siempre el de un "posibilista "i . Es decir, alguien que, sin certezas absolutas, se propone pensar en lo que aún no existe porque tiene derecho a la libertad. La libertad de explorar destinos que no están previstos por las leyes de hierro de las ciencias sociales o por las certezas de los gurús del "desarrollo equilibrado".

    Subrayo el pensamiento de Hirschman precisamente porque el lector tiene ante sí, en esta publicación, una colección de escritos de exploradores "posibilistas" que comparten con nosotros sus pensamientos y experiencias en el trabajo del desarrollo sostenible. Estas líneas surgen de las mentes y los espíritus de investigadores y empresarios sociales que aportan generosamente sus ideas y experiencias.

  • Cambiando la forma en que operan los gobiernos
    Núm. 77 (2019)

    ¿Cómo se presenta el futuro?, ¿cuáles serán los medios de comunicación en los próximos 50 años?,¿cuáles serán las responsabilidades de la administración pública en 2060?, el futuro no se puede predecir, por lo que estas interrogantes no tienen respuesta concreta; sin embargo, si se recolectaran datos, se generaran escenarios y posteriormente se presentaran a un grupo de expertos se podrían validar por lo menos algunas nociones, que permitirían a las administraciones públicas preparars para una mejor gestión de esos futuros inciertos, esas herramientas prospectivas son parte de la serie de procesos que si se empezaran a implementar hoy y podrían tener un impacto positivo en el futuro.

    Los ciclos de cambio y ruptura nos han llevado a una realidad que está marcada por el avance tecnológico; los medios de comunicación, la fuerza laboral, las relaciones sociales, el comercio, el entretenimiento, la recolección de impuestos, los sistemas de salud y de transporte público, todos tienen componentes tecnológicos, la vida no se entiende sin tecnología.

    Esto ha ocasionado que aparezcan nuevas necesidades, especialmente, porque el tejido social es cada vez más complejo, fragmentado y plural, aun así, la administración pública ha sido lenta para solventar las urgencias -nuevas y antiguas- y por esa falta de respuestas se ha ocasionado una crisis de expectativas, donde las sociedades tiene claro que encuentran soluciones inmediatas a sus nuevas necesidades y exigen cambio – o ruptura-.

    Por eso, las administraciones públicas deben ser capaces de gestionar las expectativas y la incertidumbre de los individuos para generar capacidades de entendimiento intersectorial, interinstitucional e interactorial y por lo tanto construir soluciones colaborativas, proponiendo una salida constructiva a los retos complejos y problemas dinámicos.

    Las brechas, no solo económicas, si no también etarias y tecnológicas, difuminan y acentúan las urgencias particulares a las que la administración pública debe hacer frente y el Estado por sí solo no puede, ni debería, intentar llenar todas esas necesidades, sino asegurar que los sistemas minimicen el impacto del cambio de una manera eficaz y eficiente.

    La urgencia es la colaboración, en un panorama en continua transformación, donde se debe pretender que los intereses públicos de las empresas privadas y de los individuos, se coordinen y generen impactos significativos en la gestión de las expectativas; las alianzas público-privadas son una de las características necesarias para prever futuros y generar respuestas.

    Es en ese panorama que la recopilación, el procesamiento, la gestión y transformación de datos en insumos con valor real a través de la Ciencia de Datos, supone una caja de herramientas para transformar entornos sociales y económicos, esto porque la gestión, transferencia y aplicabilidad del conocimiento debe funcionar como una alerta temprana, proponiendo medidas que en lugar de generar caos, propongan la tranquilidad de una respuesta responsable en un espacio de incertidumbre.

    Los megadatos o Big Data; datos estructurados o no estructurados que producen tendencias sobre los usuarios de un sitio web deben funcionar como una brújula, que señales algunos pasos o tendencias que pueden ser de ayuda para generar soluciones.

    Todo esto requiere que la administración pública ponga su mirada en esta tendencia y es que la generación de datos a nivel global está en un punto sin precedentes, según el Banco Mundial (2016), por día se comparten más de 803 millones de twits, 186 millones de fotos en Instagram, 152 millones de llamadas por Skype y se realizan 36 millones de compras por Amazon y estos datos, ni siquiera incluyen a China, uno de los países con mayor flujo de información y el mercado electrónico, más grande del mundo.

    La Ciencia de datos debe entenderse como la herramienta capaz de producir evidencia pertinente, de calidad y oportuna para fundamentar y guiar la toma de decisiones en los procesos gubernamentales, empresariales o institucionales. Su utilización ha sido enfocada en el diagnóstico de problemas, análisis de coyuntura y generación de escenarios; en consecuencia, la aplicación de estos datos mejoraría el que hacer de los gobiernos y las administraciones públicas, a través de la generación de soluciones efectivas a problemas de salud, transporte, educación, vivienda, entre otros, así como la creación de escenarios que prevean situaciones o tendencias del futuro para así poder gestionar las incertidumbres de una manera más efectiva.

    La aplicación de la Ciencia de Datos en la gestión gubernamental como una política de Estado es una necesidad del contexto actual, a partir de la construcción de escenarios, el uso de Big Data, la consolidación de procesos de gobierno abierto y la aplicación de la gran cantidad de herramientas tecnológicas para la función pública, además, de la toma de decisiones basadas en datos que faciliten y fomenten la toma de decisiones inteligentes y basadas en evidencia.

    En una realidad que experimenta cada vez más cambios acelerados, el avance de la tecnología representa cada día mayores desafíos para las administraciones públicas por esta razón se debe reflexionar sobre su importancia y proponer como herramienta de avance. Esta coyuntura requiere que la administración pública, genere un nuevo concepto sobre su función y acepte que debe funcionar también como desarrollador, precursor e incluso regulador de este tipo de tecnología y estar dispuesta a asumir el reto, especialmente porque este no es un proceso sencillo y los límites -si es que los hay- para la acción gubernamental son difusos.

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